Faltan 7 días para mi cumple 25, y quiero enseñar.
Es bueno ser bueno para algo. Some can sing, some can dance... y hasta hace muy poco descubrí que tal vez en lo que soy menos peor es algo que además disfruto profundamente, y es enseñar. Supongo que vengo preprogramado de fábrica, supongo que siendo hijo de dos profesores tan buenos y tan dedicados la sorpresa sería que no quisiera ser como ellos. Aún así, hay algo muy especial en enseñar, es un reto y algo muy divertido de hacer, algo que te llena y de hace sentir infinitamente pequeño, pero también infinitamente grande. Mis esclavos y pupilos sabrán que para mí, enseñar también es una forma perfecta de ventilar mi sadismo, y hay pocas cosas que disfrute más que torturar un alma en pena, o el sufrimiento de un examen casi imposible. Aún estoy verde y comparto ese sufrimiento, no crean que no. En parte siempre te sentirás algo culpable por cada error, y el sentimiento aquel de "Seguro fue mi culpa"... pero la verdad es que no. Enseñar bien es un arte, y como buen arte requiere práctica, dedicación y tiempo. Y espero que tiempo sea lo que me haga falta.
Bien dicen que para enseñar algo primero debes entenderlo bien, y que cuando algo está comprendido por completo puedes explicarlo de la manera más sencilla. Y tienen razón, también dicen que enseñando se aprende más, y también tienen razón. Enseñar me ha enseñado mucho, me ha ayudado a conocerme, a relajarme, a encontrarme a mi mismo, y obviamente también me ha enseñado mucho del mundo y de las personas. Es de las cosas más gratificantes que hay en mi vida, y no me imagino abandonándolo. Por eso, no pasa un día en el que no desee ser como los grandes maestros que me han tocado: Yoda, Dumbledore, Cortázar... y obviamente los gorditos. Sé que tener tanta sabiduría es una carga inmensa, pero también lo es la recompensa. Sólo quisiera ser la mitad de bueno que ellos.
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