Faltan 5 días para mi cumpleaños
25 y soy un tórtolo
No son pocas las historias
románticas que empiezan en las Europas, aunque tal vez son menos las que tienen
al songpop y drawsomething como celestinas. Aunque tal vez empezó aún antes,
cuando alguien le dio el tour sateluco a alguien, parándose en cada hotel a
averiguar si había habitaciones… para cinco. Y claro, que la doctorsita haya
dado un empujón, porque ella sabe cosas, no hizo nada de daño.
Todas las cosas que empiezan con
dulce de calabaza, prometen seguir bien, y durar un bueeen rato. Desde el
inicio, ser tórtolo ha sido de lo más divertido, increíble y fantástico que me ha
pasado. El estrés de mi tórtola para decirle al mundo, fue de lo más divertido,
casi tanto como decírselo al mundo, incluyendo el “pos así” de la coval y el “a
ver” de piñi. Y luego llegaron 9 kilos de chocolate y la mágica aventura en
Oaxaca. Hacía mucho pero mucho tiempo que no era tan feliz, y que no me sentía
tan bien. Desde ahí hasta acá ha sido un instante, un instante en el que el
tiempo se detiene y corre a gran velocidad. Un instante en el que han cabido
todos los instantes.
La magia en este mundo sí es real
y si existe. Está en la mirada cómplice de dos personas que saben algo que los
demás no, está en las risitas que son carcajadas y en las voces serias. Está en
todo lo que no se puede explicar, y no importa si jamás se logra comprender.
Como incomprensibles deben parecer nuestras conversaciones, hechas en ese dialecto
tan peculiar y raro que hablamos, lleno de cosas nuestras, de sonidos y risas.
La casera tiene toda la razón del mundo, con mi tórtola no puedo dejar de
sonreír y siempre me hace sentir bien. Me complementa.
Hay cosas nuevas que emocionan, y
hay pocas cosas que emocionan a la mitad, y aún menos que emocionan después de
varios meses. Pero justo esas son las cosas que más importan en la vida, las
que nos hacen sentir nuevos todos los días, las que nos hacen ver que está bien
ser nosotros mismos, que podemos ser nosotros mismos y así nada más ser
felices. Las cosas que nos hacen sentir
afortunados y felices. Mi tórtola y yo somos personas diferentes, a veces más a
veces menos, pero siempre somos la misma cosa.
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