lunes, 1 de julio de 2013

25 para los 25 (23)



Faltan 23 días para mi cumpleaños 25 y soy un cocinero wannabe
“A warrior doesn’t give up what he loves, he finds the love in what he does”. Hay diferentes personas viviendo dentro de nosotros, y es la combinación de estos diferentes alter egos los que nos hacen quienes somos. No sé el mundo, no sé ustedes, pero hay circunstancias muy especiales en las que yo me siento… “yo”, en la que todas estas personas se hacen una sola, aunque sea por un breve momento, momentos en los que la compañía de la soledad es placentera, momentos en los que las máscaras o los disfraces o los uniformes se desvanecen y sólo quedamos nosotros, como en realidad somos. Y esos breves y deliciosos momentos son los que nos permiten definirnos. Y uno de los caminos para llegar a este “estado” es hacer las cosas que más amamos, aunque lamentablemente no siempre tengamos el talento para hacerlas. En mi caso, uno de esos momentos es cuando cocino, recientemente descubrí que cocinar me produce un inmenso placer, casi tanto como comer, pero cocinar algo propio tiene el plus que siempre da crear algo. Cocinar bien dicen que es un arte, una ciencia, un arranque de creatividad y habilidad que combina todos los sentidos. Yo soy un firme creyente que a este mundo se viene a amar y a comer… y si vas a comer todos los días de tu vida, eso que comes debe valer la pena. La combinación de sabores es infinita, y un paladar debe ser curioso por definición, y al mismo tiempo tradicional, buscando siempre ese nuevo sabor, esa nueva textura, pero también reconociendo siempre el caldo de pollo que nos recuerda a la abuelita. Desde el pan francés hasta el filete Wellington, cada platillo que he cocinado me ha llenado de felicidad, de alegría, pero sobre todo la alegría de compartir, de servir y darle gusto a tus seres queridos, de querer superarse. La verdad es que nada me enorgullece más que mis costillas de cordero, y nada me quita el sueño como buscar la perfección de ese postre de chocolate que sólo me salió una vez. Pensar en esos y en todos los platillos que he probado irremediablemente me lleva a recordar las personas y lugares en los que lo degusté. Así que la comida también se ha vuelto mi versión de postales, pero son imágenes deliciosas.
Y estoy muy de acuerdo en que el ingrediente secreto siempre es cariño, cariño por quien cocinas y cariño por lo que haces.

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