Faltan 23 días para mi cumpleaños
25 y soy un cocinero wannabe
“A warrior doesn’t give up what he loves, he
finds the love in what he does”. Hay diferentes personas viviendo dentro
de nosotros, y es la combinación de estos diferentes alter egos los que nos
hacen quienes somos. No sé el mundo, no sé ustedes, pero hay circunstancias muy
especiales en las que yo me siento… “yo”, en la que todas estas personas se
hacen una sola, aunque sea por un breve momento, momentos en los que la
compañía de la soledad es placentera, momentos en los que las máscaras o los
disfraces o los uniformes se desvanecen y sólo quedamos nosotros, como en
realidad somos. Y esos breves y deliciosos momentos son los que nos permiten
definirnos. Y uno de los caminos para llegar a este “estado” es hacer las cosas
que más amamos, aunque lamentablemente no siempre tengamos el talento para
hacerlas. En mi caso, uno de esos momentos es cuando cocino, recientemente
descubrí que cocinar me produce un inmenso placer, casi tanto como comer, pero
cocinar algo propio tiene el plus que siempre da crear algo. Cocinar bien dicen
que es un arte, una ciencia, un arranque de creatividad y habilidad que combina
todos los sentidos. Yo soy un firme creyente que a este mundo se viene a amar y
a comer… y si vas a comer todos los días de tu vida, eso que comes debe valer
la pena. La combinación de sabores es infinita, y un paladar debe ser curioso
por definición, y al mismo tiempo tradicional, buscando siempre ese nuevo
sabor, esa nueva textura, pero también reconociendo siempre el caldo de pollo
que nos recuerda a la abuelita. Desde el pan francés hasta el filete Wellington,
cada platillo que he cocinado me ha llenado de felicidad, de alegría, pero
sobre todo la alegría de compartir, de servir y darle gusto a tus seres
queridos, de querer superarse. La verdad es que nada me enorgullece más que mis
costillas de cordero, y nada me quita el sueño como buscar la perfección de ese
postre de chocolate que sólo me salió una vez. Pensar en esos y en todos los
platillos que he probado irremediablemente me lleva a recordar las personas y
lugares en los que lo degusté. Así que la comida también se ha vuelto mi
versión de postales, pero son imágenes deliciosas.
Y estoy muy de acuerdo en que el ingrediente secreto siempre
es cariño, cariño por quien cocinas y cariño por lo que haces.
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