Mañana es
mi cumple y soy un gordito.
Decimos muy
frecuentemente que a tal o a aquel lo conocemos “de toda la vida”, pero hay un
grupo selecto de gente para el que el dicho es una realidad. Y yo tengo el
inmenso gusto de conocer de toda la vida a un montón de locos, y ese montón de
locos son tan parte de mí como todo lo demás que me ha aventado la vida. Tanto
de nuestra vida son elecciones, son gustos adquiridos, y son cosas que nos
recuerdan algún momento que nos marcó, pero también hay marcas con las que
nacemos, cosas que tal vez no pudimos elegir, como nuestra familia.
Y yo estoy
tan agradecido de las maravillosas personas con las que me ha tocado compartir
mi vida, desde el par de gorditos que me fabricaron y criaron y el cuarteto de
loquillos que los fabricaron a ellos, hasta los bodoquitos me ha tocado ver
crecer como si les inyectaran hormonas para pollo. Tengo la mejor familia del
mundo, y aunque seamos re poquitos cuando nos juntemos y nos la pasemos
amargados, aburridos y callados, disfruto mucho estar con ellos.
Mucho de lo
que somos es por las personas que nos han guiado a lo largo de nuestras vidas,
fueron nuestros padres y abuelos los que nos enseñaron a vivir, nuestros
hermanos y primos los que nos enseñaron la amistad, la diversión y a pasar los
mundos endiablados del Mario bros. Todos llevamos recortes, parches, trozos y
retazos de las personas que nos han acompañado toda la vida, cómo hablamos,
somos y nos comportamos es en parte un reflejo de los caminos y elecciones que
hemos tomado, pero sin lugar a duda, también depende mucho del punto de partida
que tuvimos, y de esos pequeños y grandes empujones que nos dieron y que nos
siguen dando.
Mis padres
me han arruinado la vida, me demuestran todos los días que se puede ser feliz,
me han mostrado durante 25 años lo que es el amor y lo que es la familia, y muy
probablemente me tomaría otros 25 explicarles a ustedes, y seguramente no lo
haría también. También me arruinaron, porque me han dado más de lo que podría
agradecerles en esta vida, y a cambio sólo me han llenado de un extraño deseo
de ser una mejor persona, de hacerlos sentir orgullosos. Me rompieron desde
siempre porque me han enseñado a ver la vida con humor, a no tomarme tan
enserio a mi mismo o a nada, me han enseñado a apreciar la vida pero sobre todo
me han enseñado a aprender, y a no querer dejar de hacerlo nunca.
Y también
me echaron un bodoquito para que yo también pudiera romper y arruinar a
alguien. A esa puyi que siempre ha sido mi cosa rara favorita, tan diferente y
tan parecida a mi, tan fantástica y única, tan encantadora y tan loca. A mi no
me tocó tener hermano mayor, aunque tuve una gran cantidad de semejantes,
ninguno fue de tiempo completo, así que por eso tal vez he sido un hermanote un
tanto mediocre, pero no es excusa. Desde siempre he querido y tratado de ser su
amigo, pero ha probado ser imposible, no puedo nada más ser eso, debo ser más
que eso. A los hermanos nos toca ser chofer, sicólogo, terapeuta, maestro,
guarura, confesor, cómplice y torturador de tiempo completo. Y la verdad, no es
una tarea fácil.
Los años
pasan, y los kilos se suman, la lista re recuerdos e historias se va haciendo más
grande pero también más borrosa y frágil. Los chistes se vuelven leyenda y las
leyendas se vuelven verdades. Pero hay cosas que no cambian, y hay lazos que
los años no desgastan sino que hacen más fuertes, nos alejamos tanto del camino
en el que comenzamos, pero siempre llevamos dentro un pedacito de casa. Seré
muchas cosas, y querré ser tantas otras cosas más, pero en primer lugar y para
siempre, soy el hijo de los Gorditos, el hermano de la puyi, el nieto de los
abuelitos y los guerelitos, y el sobrino, primo y tío de los Pepitas y los Ortíz.
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