martes, 23 de julio de 2013

25 para los 25 (1)

Mañana es mi cumple y soy un gordito.

Decimos muy frecuentemente que a tal o a aquel lo conocemos “de toda la vida”, pero hay un grupo selecto de gente para el que el dicho es una realidad. Y yo tengo el inmenso gusto de conocer de toda la vida a un montón de locos, y ese montón de locos son tan parte de mí como todo lo demás que me ha aventado la vida. Tanto de nuestra vida son elecciones, son gustos adquiridos, y son cosas que nos recuerdan algún momento que nos marcó, pero también hay marcas con las que nacemos, cosas que tal vez no pudimos elegir, como nuestra familia.

Y yo estoy tan agradecido de las maravillosas personas con las que me ha tocado compartir mi vida, desde el par de gorditos que me fabricaron y criaron y el cuarteto de loquillos que los fabricaron a ellos, hasta los bodoquitos me ha tocado ver crecer como si les inyectaran hormonas para pollo. Tengo la mejor familia del mundo, y aunque seamos re poquitos cuando nos juntemos y nos la pasemos amargados, aburridos y callados, disfruto mucho estar con ellos.

Mucho de lo que somos es por las personas que nos han guiado a lo largo de nuestras vidas, fueron nuestros padres y abuelos los que nos enseñaron a vivir, nuestros hermanos y primos los que nos enseñaron la amistad, la diversión y a pasar los mundos endiablados del Mario bros. Todos llevamos recortes, parches, trozos y retazos de las personas que nos han acompañado toda la vida, cómo hablamos, somos y nos comportamos es en parte un reflejo de los caminos y elecciones que hemos tomado, pero sin lugar a duda, también depende mucho del punto de partida que tuvimos, y de esos pequeños y grandes empujones que nos dieron y que nos siguen dando.

Mis padres me han arruinado la vida, me demuestran todos los días que se puede ser feliz, me han mostrado durante 25 años lo que es el amor y lo que es la familia, y muy probablemente me tomaría otros 25 explicarles a ustedes, y seguramente no lo haría también. También me arruinaron, porque me han dado más de lo que podría agradecerles en esta vida, y a cambio sólo me han llenado de un extraño deseo de ser una mejor persona, de hacerlos sentir orgullosos. Me rompieron desde siempre porque me han enseñado a ver la vida con humor, a no tomarme tan enserio a mi mismo o a nada, me han enseñado a apreciar la vida pero sobre todo me han enseñado a aprender, y a no querer dejar de hacerlo nunca.

Y también me echaron un bodoquito para que yo también pudiera romper y arruinar a alguien. A esa puyi que siempre ha sido mi cosa rara favorita, tan diferente y tan parecida a mi, tan fantástica y única, tan encantadora y tan loca. A mi no me tocó tener hermano mayor, aunque tuve una gran cantidad de semejantes, ninguno fue de tiempo completo, así que por eso tal vez he sido un hermanote un tanto mediocre, pero no es excusa. Desde siempre he querido y tratado de ser su amigo, pero ha probado ser imposible, no puedo nada más ser eso, debo ser más que eso. A los hermanos nos toca ser chofer, sicólogo, terapeuta, maestro, guarura, confesor, cómplice y torturador de tiempo completo. Y la verdad, no es una tarea fácil.


Los años pasan, y los kilos se suman, la lista re recuerdos e historias se va haciendo más grande pero también más borrosa y frágil. Los chistes se vuelven leyenda y las leyendas se vuelven verdades. Pero hay cosas que no cambian, y hay lazos que los años no desgastan sino que hacen más fuertes, nos alejamos tanto del camino en el que comenzamos, pero siempre llevamos dentro un pedacito de casa. Seré muchas cosas, y querré ser tantas otras cosas más, pero en primer lugar y para siempre, soy el hijo de los Gorditos, el hermano de la puyi, el nieto de los abuelitos y los guerelitos, y el sobrino, primo y tío de los Pepitas y los Ortíz. 

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