miércoles, 24 de julio de 2013

Hoy es mi cumple y soy Antulio

Hoy es mi cumpleaños 25, y soy Antulio.

25 es un número cualquiera, y de igual manera hubiera podido hacer tanta fiesta y llenar sus timelines el año pasado o el siguiente, pero 25 es un buen número, es como un rellano en la escalera para detenerse un momento, descansar las piernas de la subida y prepararse para seguir subiendo. También es un buen momento para regresar a revisar que haya apagado la estufa y cerrado el cuarto de cultivo, aprovechando que la subida aún no es tan fatigante, siempre hay un poco de tiempo para regresar y recuperar lo olvidado, antes de seguir la subida. 25 es un cuarto de siglo, es más o menos una tercera parte de lo que el INEGI cree que tendrá que aguantarme, coincide con dejar atrás y seguir adelante.

Para mí, es una edad de la nostalgia, en la que aún tratamos de aferrarnos a lo que hemos conocido los últimos 25 años, que han sido tan felices y tan llenos de cosas increíbles y personas maravillosas, y mirar con recelo los años venideros, en los que lo que más se asoma es lo desconocido, es la toma de decisiones que trascienden mucho más que antes, y en los que lo que hemos ensayado de la vida deja de ser de prueba y ya no hay buena ni cheat codes, no hay atajos como en el mario kart, y todos los poderes son inútiles monedas. Con todo el horror del mundo, nos toca subirnos a la bici sin rueditas, al columbio sin seguro, al brincolín sin red, al coche sin acompañante y tantas analogías infantiles que no se me ocurren, pero también tenemos la confianza de que estos últimos años de ensayo no han sido en balde, que en este último cachito de la vida hemos aprendido lo más importante y lo más útil: hemos aprendido quienes somos en realidad.

Ese ha sido el fin de esta cuenta regresiva, enumerar las cosas y personas que me han hecho quien soy como soy, darme unos minutos para reconocer la gran ayuda y empujón a moldearme en la cosa extraña que soy. Ha sido un viaje divertido y entretenido en el que he redescubierto porque soy como soy y no diferente, y además puedo decir que estoy muy satisfecho de la persona que ha salido del horno. Esta es la parte cursi en la que les digo a todos y a cada uno de los que lo lean que muchas gracias, a todos mis pocos familiares en feis, que sin ustedes sería una persona aún más aburrida, a mis queridos amigos y compañeros de escuelas que sin ustedes hubiera sido una tortura aún más grande. Gracias a todos por compartir cachitos, cachotes y cachotototototes de este gran camino conmigo, y aunque parezca que desaparezco, siempre están en mi perturbada memoria y en ensanchado corazón.

Somos sombras y polvo, somos recuerdos, esperanzas y sueños. No somos barro, somos más como masa para pan, una masa que se va enriqueciendo y agarrando sabor con cada ingrediente que añadimos, somos masa que se debe amasar con energía, con trabajo y  tiempo, masa que se debe dejar levar un tiempo, y que de nuevo se debe amasar y dar forma, que a veces se debe dejar reposar y siempre se debe tener cuidado en los detalles, y al final debemos quedar esponjositos, crujientes por fuera y deliciosos. El camino de la vida, es más un enramado laberinto, en el que los caminos aparecen y desaparecen, se cruzan y vuelven a cruzar un millar de veces. Las decisiones que tomamos nos van guiando y dirigiendo, pero siempre podemos escoger, todo inicia con una elección y lo que pasa pasa y no pudo pasar de otra manera, ya que si hubiera pasado diferente, no estaríamos aquí como estamos. Somos la consecuencia de nuestras decisiones y nuestras acciones, y somos nosotros los responsables de ir moldeando (amasando) nuestro futuro. Hoy ya es ayer y mañana no ha llegado, vivimos atrapados en un extraño presente que no dura, y tal vez ni siquiera exista, pero debemos aprovecharlo y usarlo en lo único que en realidad vale la pena: en nosotros. Y lo que amamos, en verdad amamos, es parte de nosotros, así como las personas que nos rodean, nuestros trabajos y pasatiempos. Un guerrero no deja las cosas que hace, encuentra el amor en las cosas que hace, en todos lo que hace, y trata de hacer siempre y en todo lo mejor.

Somos seres luminosos, estamos unidos a todo lo que nos rodea, el árbol, la roca… la nave espacial. Debemos cuidar y trabajar en mantener las uniones que armamos, y también debemos aprender a dejar ir, a soltar las cosas que nos detienen, a darle hilo a algunas cosas para poder volar más alto… pero no tan alto como para atorarnos en los cables de luz.

Todos encontramos cosas que no sabíamos que buscábamos, la vida tiene esa sádica diversión de ser infinitamente aleatoria y llena de sorpresas, de arrebatarnos lo que damos por seguros, de cambiar lo que siempre quisimos y de darnos un hueso cuando estamos a punto de tirar la toalla. Son esas sorpresas los baches, fosas y curvas cerradas que nos mantienen despiertos y atentos al camino, pero también son los puentes y túneles que nos permiten seguir adelante. El invierno se acerca, la noche es oscura y llena de terrores, pero tenemos las personas y la experiencia necesaria para superarlo todo. Y siempre nos la vamos llevando con la ayuda de nuestros amigos, a pesar de que sintamos que todos cambian y no nos sintamos igual.

Soy un hijo, hermano, sobrino, primo, tío, amigo y tórtolo; un exjuventino, universitario, qufo y maestro; soy un sateluco, uraño y enojón; soy un geek, un nerd, un potterhead y starwars fan; soy un adicto a la televisión y al age of empires; soy un hadepto de Julito, un cronopio y un esclavo de las turas; un baterista, políglota, cocinero y escritor wannabe; soy la consecuencia de 25 años de trivialidades y cosas pequeñas y grandes, soy Miguelin, Miguelito, Boris, Mique, Mike, Miguel, Antulio. Pero sobre todo soy yo, soy todas esas cosas y un poco más, y me ha tomado 25 años saber quién soy y querer a esa persona, descubrir que está bien hacer y no hacer, ser y no hacer. Me ha tomado 25 años ver que quien soy hoy mañana será quien fui ayer and that’s fine. Me ha tomado 25 años abrir los ojos, y sé que apenas ahora me toca empezar a ver.



 Que los cumpla muy feliz y ahora le soplaré a la luz.

PS. Muchas de las frases matonas que acaban de leer son de películas, por eso les suena y yo no me robo nada, que conste.                   

martes, 23 de julio de 2013

25 para los 25 (1)

Mañana es mi cumple y soy un gordito.

Decimos muy frecuentemente que a tal o a aquel lo conocemos “de toda la vida”, pero hay un grupo selecto de gente para el que el dicho es una realidad. Y yo tengo el inmenso gusto de conocer de toda la vida a un montón de locos, y ese montón de locos son tan parte de mí como todo lo demás que me ha aventado la vida. Tanto de nuestra vida son elecciones, son gustos adquiridos, y son cosas que nos recuerdan algún momento que nos marcó, pero también hay marcas con las que nacemos, cosas que tal vez no pudimos elegir, como nuestra familia.

Y yo estoy tan agradecido de las maravillosas personas con las que me ha tocado compartir mi vida, desde el par de gorditos que me fabricaron y criaron y el cuarteto de loquillos que los fabricaron a ellos, hasta los bodoquitos me ha tocado ver crecer como si les inyectaran hormonas para pollo. Tengo la mejor familia del mundo, y aunque seamos re poquitos cuando nos juntemos y nos la pasemos amargados, aburridos y callados, disfruto mucho estar con ellos.

Mucho de lo que somos es por las personas que nos han guiado a lo largo de nuestras vidas, fueron nuestros padres y abuelos los que nos enseñaron a vivir, nuestros hermanos y primos los que nos enseñaron la amistad, la diversión y a pasar los mundos endiablados del Mario bros. Todos llevamos recortes, parches, trozos y retazos de las personas que nos han acompañado toda la vida, cómo hablamos, somos y nos comportamos es en parte un reflejo de los caminos y elecciones que hemos tomado, pero sin lugar a duda, también depende mucho del punto de partida que tuvimos, y de esos pequeños y grandes empujones que nos dieron y que nos siguen dando.

Mis padres me han arruinado la vida, me demuestran todos los días que se puede ser feliz, me han mostrado durante 25 años lo que es el amor y lo que es la familia, y muy probablemente me tomaría otros 25 explicarles a ustedes, y seguramente no lo haría también. También me arruinaron, porque me han dado más de lo que podría agradecerles en esta vida, y a cambio sólo me han llenado de un extraño deseo de ser una mejor persona, de hacerlos sentir orgullosos. Me rompieron desde siempre porque me han enseñado a ver la vida con humor, a no tomarme tan enserio a mi mismo o a nada, me han enseñado a apreciar la vida pero sobre todo me han enseñado a aprender, y a no querer dejar de hacerlo nunca.

Y también me echaron un bodoquito para que yo también pudiera romper y arruinar a alguien. A esa puyi que siempre ha sido mi cosa rara favorita, tan diferente y tan parecida a mi, tan fantástica y única, tan encantadora y tan loca. A mi no me tocó tener hermano mayor, aunque tuve una gran cantidad de semejantes, ninguno fue de tiempo completo, así que por eso tal vez he sido un hermanote un tanto mediocre, pero no es excusa. Desde siempre he querido y tratado de ser su amigo, pero ha probado ser imposible, no puedo nada más ser eso, debo ser más que eso. A los hermanos nos toca ser chofer, sicólogo, terapeuta, maestro, guarura, confesor, cómplice y torturador de tiempo completo. Y la verdad, no es una tarea fácil.


Los años pasan, y los kilos se suman, la lista re recuerdos e historias se va haciendo más grande pero también más borrosa y frágil. Los chistes se vuelven leyenda y las leyendas se vuelven verdades. Pero hay cosas que no cambian, y hay lazos que los años no desgastan sino que hacen más fuertes, nos alejamos tanto del camino en el que comenzamos, pero siempre llevamos dentro un pedacito de casa. Seré muchas cosas, y querré ser tantas otras cosas más, pero en primer lugar y para siempre, soy el hijo de los Gorditos, el hermano de la puyi, el nieto de los abuelitos y los guerelitos, y el sobrino, primo y tío de los Pepitas y los Ortíz. 

lunes, 22 de julio de 2013

25 para los 25 (2)

Faltan dos días para mi cumple y soy un escritor wannabe

Por si no se han dado cuenta, porque en realidad es muy difícil de ver, me gusta escribir. Es de mis pasiones más profundas e íntimas. Por eso existe este blog en primer lugar, porque no hay nada más íntimo que escribir en un lado para que lo vea todo el mundo. Como Charlie, en Perks, no siempre basta con hablarnos a nosotros mismos en voz baja, a veces debemos gritar, llorar, cantar, bailar, aunque nadie nos escuche o mire, a veces debemos hablar con nadie hablándole a todos. A veces no es necesario recibir una carta de respuesta, basta con enviarla. "Querido amigo" es el mundo, todos y nadie. A veces eso es lo que hace falta, hablarle a todos para podernos escuchar mejor, y tal vez alguien del otro lado lea lo que nos decimos, y sea justo lo que él también desea escuchar. Tal vez hablarle a todos sea la mejor manera de hablarnos a nosotros mismos.

Lo terapéutico de escribir, para mí, es esa extraña virtud de hablar con uno mismo desde los ojos de alguien más, es como disfrazar la mente para una obra de teatro en el que el escenario y el telón también son personajes y también somos nosotros. Es una buena manera de escapar del mundo y escucharnos sin el ruido de fondo que a veces puede ser la realidad, y sin embargo, tantas veces esa realidad es la que tan desesperadamente tratamos de plasmar en un par de párrafos. No hay mejor lugar para refugiarse, esconderse y encontrarse que dentro de uno mismo, y como no todos podemos ayudarnos a salir de nosotros mismos pintando o con música, para eso hicieron las palabras, para tener aún más maneras de sacar lo que sea que llevamos dentro.

El tiempo es de mis temas favoritos para escribir, es algo que me fascinado desde siempre, su incesante interés por darnos y quitarnos, su mirada intimidadora y llena de esperanza, sus palabras dulces llenas de consuelo y rencor. La seductora y repulsiva manía que tiene el tiempo de cambiar, hacer y deshacer, así como su extraño humor de no darse importancia, son cosas que como el Jazz, siempre me hacen sentir fuzzy por dentro. Y es algo que trato de mezclar y revolver en lo que escribo, por supuesto.

Al fin y al cabo, todos somos escritores de nuestras vidas, y en un casi ideal, todos deberíamos de ser los protagonistas, y nosotros y sólo nosotros debemos escribir el final e inicio de cada capítulo. Debemos ser incansables en mantener el suspenso, el picor, el humor, la comedia y el drama. Debemos hacer de nuestra vida una gran colección de volúmenes que merezcan ser contados, aunque a veces sea tan difícil y cansado. Es tan fácil querer alargar frases durante una duración casi infinita que no tenga final y nos permita continuar y alejar tanto el final de la oración marcado por ese tan definitivo punto, y en cambio, es tan necesario a veces tomar una pausa, poner una coma aquí o allá, para cambiar de rumbo, para detenernos a pensar si en verdad esto es lo que queremos, o si cada vez nos alejamos más de lo que originalmente quisimos. Pero lo más difícil es escribir los puntos, pensando muy adentro de nosotros que todos los puntos son puntos finales, habiendo tantos puntos y seguidos en nuestra vida, sabiendo que en realidad no hay terminación, tal vez ni siquiera la muerte sea ese punto final al que tanto tememos, al final podría ser un punto y aparte más, un nuevo capítulo en el que podemos una vez más elegir los caminos por los que nos llevaremos a nosotros mismos.

Todos somos escritores, todos nos susurramos palabras en las noches o en la soledad, todos soñamos y estamos llenos de ilusiones, todos tenemos la voz y las palabras para escribirnos, re-escribirnos y des-escribirnos las veces que sea necesaria. La vida es una sucesión de comas, puntos y signos de interrogación, es un borrador que continuamente reescribimos esperando algún día publicar, pero que la vida misma nos regresa, porque nos falto cerrar un paréntesis, porque hay párrafos que no deberían estar, y tantos otros que faltarían, porque ese aquí es allá, porque ese más lleva acento, y porque siempre podemos alargar aún más el final. Y claro,  siempre hay espacio para un epílogo, y para una secuela.


viernes, 19 de julio de 2013

25 para los 25 (5)




Faltan 5 días para mi cumpleaños 25 y soy un tórtolo
No son pocas las historias románticas que empiezan en las Europas, aunque tal vez son menos las que tienen al songpop y drawsomething como celestinas. Aunque tal vez empezó aún antes, cuando alguien le dio el tour sateluco a alguien, parándose en cada hotel a averiguar si había habitaciones… para cinco. Y claro, que la doctorsita haya dado un empujón, porque ella sabe cosas, no hizo nada de daño.
Todas las cosas que empiezan con dulce de calabaza, prometen seguir bien, y durar un bueeen rato. Desde el inicio, ser tórtolo ha sido de lo más divertido, increíble y fantástico que me ha pasado. El estrés de mi tórtola para decirle al mundo, fue de lo más divertido, casi tanto como decírselo al mundo, incluyendo el “pos así” de la coval y el “a ver” de piñi. Y luego llegaron 9 kilos de chocolate y la mágica aventura en Oaxaca. Hacía mucho pero mucho tiempo que no era tan feliz, y que no me sentía tan bien. Desde ahí hasta acá ha sido un instante, un instante en el que el tiempo se detiene y corre a gran velocidad. Un instante en el que han cabido todos los instantes.
La magia en este mundo sí es real y si existe. Está en la mirada cómplice de dos personas que saben algo que los demás no, está en las risitas que son carcajadas y en las voces serias. Está en todo lo que no se puede explicar, y no importa si jamás se logra comprender. Como incomprensibles deben parecer nuestras conversaciones, hechas en ese dialecto tan peculiar y raro que hablamos, lleno de cosas nuestras, de sonidos y risas. La casera tiene toda la razón del mundo, con mi tórtola no puedo dejar de sonreír y siempre me hace sentir bien. Me complementa.
Hay cosas nuevas que emocionan, y hay pocas cosas que emocionan a la mitad, y aún menos que emocionan después de varios meses. Pero justo esas son las cosas que más importan en la vida, las que nos hacen sentir nuevos todos los días, las que nos hacen ver que está bien ser nosotros mismos, que podemos ser nosotros mismos y así nada más ser felices. Las cosas  que nos hacen sentir afortunados y felices. Mi tórtola y yo somos personas diferentes, a veces más a veces menos, pero siempre somos la misma cosa.

jueves, 18 de julio de 2013

25 para los 25 (6)

Faltan 6 días para mi cumple. y por si no se han dado cuenta, soy fan de Cortázar.

Hay días buenos, nublados y húmedos en los que la lluvia golpea las ventanas y los paraguas, en los que todo parece salir bien, y empezamos y terminamos con una sonrisa en el rostro. Y hay días malos, días aburridos, días pesados y días en los que quisiéramos disolvernos en la lluvia, o que nos fundiera el sol quemante del efecto invernadero.Todos tenemos momentos en la vida en los que desearíamos desaparecer, esfumarnos, o al menos dejar de pensar, dejar de sentir. Y para eso Dios hizo a Cortázar.

Libros, escritores y cuentos, hay muchos, y claro que hay grandes maestros, increíbles pintores de las palabras, uno puede meterse dentro de 100 años y tocar el hielo, oler los bananos y rascarse la cruz de ceniza en la frente; sientes la garganta seca y los músculos cansados en el barquito del viejo en el mar, vas en caravana detrás de Alonso y Sancho buscando a la perfecta dulcinea o tiemblas con el eco de "Nevermore" desde el busto de Palas. Tantos hay que nos dejan estar dentro del cuadro, con el realismo tal que todos los sentidos se suman y la realidad del libro se mezcla con la realidad absoluta. Pero Cortázar es diferente, Julito da un brochazo ahí y allá, te azota contra el lienzo, pone una brocha  en tu mano y obliga a pintar con él, en parte poseído, en parte pintando lo que tú quieras. Julito golpea tu imaginación, la sacude y la obliga a cantar como Ella, mientras él acompaña el fondo con la estridente trompeta de Louis.

Julio es diferente, Julio obliga a separarse de cosas banales en una historia, como el sentido, la coherencia y un final. Al principio cuesta, y es una jaqueca constante, pero uno aprende a apreciar esas ausencias, a ver que la aparente falta de final, o de lógica es precisamente la perfecta metáfora y reflejo de la vida. Nada termina como uno quisiera, nada termina en realidad y al mismo tiempo la vida es una conexión infinita de terminaciones. Uno debe acostumbrarse, al fin y al cabo que entre más entiendes un cuento de Cortázar, en realidad lo estás entendiendo menos, y que entre menos trates de entender, más adentro se te está metiendo, y como dije con rayuela, más adentro coloca la dinamita que hace reventar la mente.

Aún así, sin darnos tanto, nos da mucho, y a nuestra manera todos amamos profundamente a Glenda, todos íbamos en la autopista del sur, todos vivimos en una casa capturada por el recuerdo y la soledad, todos nos metimos en el retrato de pavor y criamos jaquecas y dolores de cabeza. Y particularmente todos tenemos y somos un cronopio en el corazón. Pero el cronopio mayor, infinito y atemporal, es Julio. Fue él quien nos dio las instrucciones para subir escaleras, llorar; para pensar, sentir, ser e imaginar más allá de lo que el sentido común y la lógica nos hubieran dejado.

Como tantos hadeptos, traigo a Julio adentro, lo conocí en el metro y desde entonces no lo dejo ir. Me enseñó a pensar más allá del recipiente, a ver que no entender no es señal de conformismo, sino incluso de sabiduría, me enseñó que las cosas son por que son, y punto. Que la realidad en la que vivimos es la que escogemos vivir, y que nada nos impide tener cronopios y famas por aquí y por allá. Y esos cronopios verdes, babosos y extraños son los que le dan sabor a la vida, son los que nos animan en días malos, y son los que nos hacen sentir mejor.

Julio está siempre ahí, en páginas impregnadas de mate, tabaco y París, llenas de consejos y distracciones,  de líneas que te llevan a un mundo imaginario más real que el de la rutina o fastidio en el que vivimos. Gracias, Julio. En verdad, gracias.


miércoles, 17 de julio de 2013

25 para los 25 (7)

Faltan 7 días para mi cumple 25, y quiero enseñar.

Es bueno ser bueno para algo. Some can sing, some can dance... y hasta hace muy poco descubrí que tal vez en lo que soy menos peor es algo que además disfruto profundamente, y es enseñar. Supongo que vengo preprogramado de fábrica, supongo que siendo hijo de dos profesores tan buenos y tan dedicados la sorpresa sería que no quisiera ser como ellos. Aún así, hay algo muy especial en enseñar, es un reto y algo muy divertido de hacer, algo que te llena y de hace sentir infinitamente pequeño, pero también infinitamente grande. Mis esclavos y pupilos sabrán que para mí, enseñar también es una forma perfecta de ventilar mi sadismo, y hay pocas cosas que disfrute más que torturar un alma en pena, o el sufrimiento de un examen casi imposible. Aún estoy verde y comparto ese sufrimiento, no crean que no. En parte siempre te sentirás algo culpable por cada error, y el sentimiento aquel de "Seguro fue mi culpa"... pero la verdad es que no. Enseñar bien es un arte, y como buen arte requiere práctica, dedicación y tiempo. Y espero que tiempo sea lo que me haga falta.

Bien dicen que para enseñar algo primero debes entenderlo bien, y que cuando algo está comprendido por completo puedes explicarlo de la manera más sencilla. Y tienen razón, también dicen que enseñando se aprende más, y también tienen razón. Enseñar me ha enseñado mucho, me ha ayudado a conocerme, a relajarme, a encontrarme a mi mismo, y obviamente también me ha enseñado mucho del mundo y de las personas. Es de las cosas más gratificantes que hay en mi vida, y no me imagino abandonándolo. Por eso, no pasa un día en el que no desee ser como los grandes maestros que me han tocado: Yoda, Dumbledore, Cortázar... y obviamente los gorditos. Sé que tener tanta sabiduría es una carga inmensa, pero también lo es la recompensa. Sólo quisiera ser la mitad de bueno que ellos.


martes, 16 de julio de 2013

25 para los 25 (8)

Faltan 8 días para mi cumple 25, y soy fan de rayuela.

Todos tienen un platillo favorito, un sabor de helado, un chicle motita o sabor de sugus favorito. Todos tienen una canción, película, serie, caricatura, color y tenis favoritos. Y todos tienen un libro favorito. Algunos tendrán muchos, y eso tal vez sea lo mejor, tener muchos favoritos, pero si tienes suerte, un libro llegará y te tocará de tal manera, que se hará parte de ti, que sus párrafos se te meterán adentro y te devorarán desde ese punto hasta salir a la piel, y tu voz se llenará de la voz ajena del autor, y tu imaginación se volverá una pantalla que proyecte los sueños y visiones de alguien más. Y si tienes la fortuna que ese autor es Cortázar, y ese libro es rayuela....



Se cumplen 50 años de que Julito plasmara en un libro su visión de París, de Buenos Aires, de él mismo, y viajándonos mucho, de lo que debe ser un libro. Hay libros fantásticos, que se conectan con sus lectores, que de una manera u otra “te llegan”, te ponen la piel chinita, y son esos libros los que se hacen de miles de fanáticos y pasan a la historia. Rayuela es diferente, en primer lugar por que es MI libro favorito y es el mejor libro que existe, y en segundo lugar, porque no es un libro, es una infinidad de libros. Es una historia que se puede armar y desarmar, contar y deshacer mil veces, y mil veces ser diferente. Eso es lo que permite que conecte con millones de personas de millones de maneras distintas. Claro, está la forma “normal” de leerlo, que de por sí atrae y cautiva. Está la forma “sugerida” que es como leer un libro y al mismo tiempo que alguien te lo vaya explicando y desexplicando al mismo tiempo. Y está la forma “azarosa” de abrir el libro en un capítulo cualquiera y dejarse seducir y sorprender. Cada una con su encanto, cada una con su gancho, cada manera de leerlo es como leerlo por primera vez.

Y aunque cada vez que lo leas será algo diferente, siempre estará París, siempre estará la lluvia sobre los puentes, la gabardina empapada. Cortázar nos dibuja una París húmeda, gris y pobre, llena de muebles enmohecidos, alcohol barato y polillas. Cortázar nos dibuja una París cruda y real, alejada del esplendor y romanticismo, y al mismo tiempo más cercana de la fantasía que nunca. Quien leído Rayuela se ha visto seducido por la Maga, enamorado por Talita, y encantado por Horacio. El libro tiene una extraña capacidad de envolverte en su mundo y sentarte en el cuarto con Rocamadour en la cama. Oler el mate y el tabaco, sentir el calor de algún licor barato en la garganta, y escuchar cómo las gotas de lluvia contra las ventanas llevan el mismo ritmo que el jazz que se escucha suavemente. Todos los hadeptos hentonamos el himno mudo y soez del club de la serpiente, todos nos sentimos hijos de las incontables madres de Gregorovius y todos sentimos que podríamos ser amigos de Talita y Traveler.

Rayuela es un libro de libros, es una historia contada con mil historias más. Y tal vez el genio de genios del libro sea lo que lo hace tan difícil de leer: los capítulos suplementarios, Morelli y sus morellianas; historias que ocurren antes, durante o después de los capítulos base, o simplemente textos que parecen no tener sentido, que le ayudan a Julio a meterse más dentro de nuestra cabeza y susurrarnos con un aliento lleno de humo lo que él quiere que pensemos y sintamos. Esos capítulos extra son todo y no son nada, carecen de sentido porque le dan todo el sentido al libro. Son los capítulos que explotan en nuestras mentes y nos obligan a ensanchar el cráneo para que quepa más imaginación, más entendimiento.

La verdad es que aprendí francés para aprender Rayuela, y soy creyente de que cuando uno comprende por completo un libro así, entonces comprende la vida, comprende todo. Rayuela es un vehículo, es un puente, es la borrosa, incontinua y delgada línea que separa la tierra del cielo, un detonante de mentes y un acertijo envuelto en adivinanzas.
“… aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia afuera y dejarse ir, paf se acabó”

lunes, 15 de julio de 2013

25 para los 25 (9)

Faltan 9 días para mi cumple 25 y vivo en Ciudad Universitaria.

Como nunca he sido puma a morir, ni me tocó nacer y crecer sureño, CU era un lugar alejado de la mano de Dios, del otro lado del mundo, donde estaba el Universum y la Sala Neza... y ya. Ahora ese lugar es mi hogar, y yo creo más  mi hogar que la casa donde duermo. Pasó de ser un laberinto incomprehensible a un refugio, a un lugar fantástico... aunque siga siendo un laberinto incomprehensible. 

Las primeras veces que fui a CU, era puro trámite, iba de biomédicas al metro y ya, sin desviarme y sin querer ver a ningún lado. La verdad es que el mundo puma tardó en encontrar un lugar en mi corazón, en parte por el gentío que abunda en los pasillos y caminos, en parte por el desorden dentro del desorden, en parte por la falta de sentido común que tan poco común es en esta ciudad. Pero sobre todo por que estaba lejos... muuuuy lejos. Gracias al metro las distancias se fueron acortando, la costumbre fue convirtiendo el sufrir en buenos ratos para leer e incluso para disfrutar ese lugar tan lejano y tan bonito. Pero definitivamente fue hasta que era un Qufo en serio que le agarré cariño. La facultad de química es pequeña y hasta fea, pero es de esas cosas feas que quieres mucho por que sabes que no todos las quieren. Hecha de retazos de veterinaria, biomédicas y nuevos edificios, Química es un fastidio para tomar clases. Fue ahí donde alguna vez hice condición teletransportándome del tercer piso de un edifico al cuarto de otro en menos de un minuto. Fue en sus laboratorios... en sus tal vez cientos de laboratorios en los que hice amistades que sobrevivieron a los trabajos en equipo, las ocasionales explosiones y el típico derrame biológico. 

Es sorprendente lo poco que ha cambiado Ciudad Universitaria en algo así como medio siglo, es admirable su lucha por cambiar, por modernizarse y por mantenerse como siempre ha sido. Es en verdad una Ciudad, es un mundo en sí misma y es imposible no verse atrapado por su magia después de pasar 7 años ahí.

sábado, 13 de julio de 2013

25 para los 25 (10)



Faltan 10 días para mi cumple y soy un keane fan
Hay tantas cosas que decimos por última vez,  tantos adioses y tantos holas. Tantas palabras que decimos una y otra vez, pero en realidad están muertas en cuanto terminamos de pronunciarlas porque nunca se convertirán en acciones. Podemos escondernos en la alfombra o debajo de la escalera, pero la realidad es que hay cosas que sí mueren, aunque tanta otras no. Todo termina demasiado pronto, lo bueno, lo malo, la vida misma siempre nos parecerá demasiado breve y demasiado corta.
Para tantos, todo empezó con somewhere only we know. Y es que es fácil relacionarse, todos tenemos ese lugar íntimo y secreto en el que solemos refugiarnos. Y no hablo de debajo de las cobijas… o el baño. Es un lugar dentro de nosotros, en el que buscamos apoyarnos en las personas que nos rodean, en las personas que alguna vez conocimos y a veces parecen ser desconocidos. Los años pasan y la soledad es un punto que algunos vadeamos de una manera y otros cruzan con tanto éxito. Por eso la importancia de ese lugar que sólo nosotros conocemos, porque todos necesitamos seguros y en compañía, y no hay mejor compañía que la de uno mismo.
Hopes and fears fue el disco que me acompañó a mi primer concierto en el auditorio, a mis primeros viajes en metro a CU y de regreso. Todo el álbum podría ser de nostalgia y pérdida, podría susurrarse a alguien como una despedida, como un hasta luego o hasta nunca. Pero también es un álbum que podríamos y deberíamos decirnos a nosotros mismos. Sabemos que la posibilidad de quebrarse en el camino es grande, pero si no nos doblamos y quebramos, entonces la verdadera luz al final del túnel será conocernos a nosotros mismos, encontrarnos al final del camino, cuando abramos los ojos y despertemos a un nuevo día, todos los días.  Aunque cambiemos, todos los que nos rodean también cambian, y es algo a lo que debemos acostumbrarnos: el cambio. A veces quisiéramos que no, a veces quisiéramos que las cosas cambiaran aún más. Cuesta hacerse a la idea, pero nada permanece igual, lo único constante es el cambio mismo, se algo a lo que hay que adaptarse y controlar la nostalgia de buscar esos trozos del pasado en el presente. No podemos detenernos ahora, es algo que debemos decirnos constantemente, el tiempo para detenerse a ver cuánto han cambiado las cosas, cuánto hemos ganado, perdido y encontrado es tan corto, que si no tenemos cuidado empezará a devorar nuestro presente.  La persona que fuiste y que quisiste ser se han quedado atrás, y cuando abres los ojos al presente sabes lo que debes saber, sientes lo que debes sentir, tu “yo” del pasado lo ha dejado puesto en ese lugar secreto para que aprendas de eso, no para que te dediques a revivirlo. No debemos dejar jamás que nadie, ni siquiera nosotros mismos, nos dejen nevados y congelados en el mismo lugar, aferrados a algo que no fuimos, somos ni seremos. Abramos los ojos a las oportunidades, no perdamos tiempo congelándonos a nosotros mismos,  sólo nosotros conocemos en verdad nuestras esperanzas y temores, y sólo nosotros podemos hacerlas realidad o superarlas.
Pero claro… es tan difícil hacer las cosas mal, equivocarse y sentirse derrotado, sentir que estamos atascados en el mismo lugar, que encima tenemos un mundo… o un mar de hierro, y de eso se trata under the iron sea (que coincidencia!). Nuestras esperanzas tantas veces se ven truncadas, y podemos sentir que las cosas no salen como quisiéramos, que todo termina antes de tiempo y demasiado pronto, y a pesar de eso seguimos engañándonos, mintiéndonos a nosotros mismos para ver cosas que no están, que tal vez nunca estuvieron ahí. Y es tan difícil, es tan difícil levantarse y seguir cuando no quieres irte, ni quedarte, cuando quieres morir y te duele algo adentro muy adentro. Pero debemos, y dentro del profundo desazón del disco se encuentra siempre un tono de esperanza, de ánimo, a veces en forma de apapacho y a veces en forma de un buen zape, que casi siempre es más efectivo. Aunque sintamos que no somos lo suficientemente fuertes, que simplemente no estamos hechos para esto, siempre debemos mantener la esperanza, siempre debemos intentar de nuevo, morir cada día un poco, para revivir y reinventarnos de nuevo al día siguiente, y aprovechar esta nueva oportunidad para descubrir quién es ese que nos mira en el espejo, jugando a que no sabemos y a que no nos importa.
La vida es una infinidad de segundas, terceras y enésimas oportunidades. Continuamente debemos juntar los pedazos de nuestros sueños, porque tantas veces perdemos el rumbo o no nos gusta el destino que se dibuja frente a nosotros, y debemos recortar y pegar con la esperanza que este nuevo remiendo sí sea el bueno. Debemos rehacer este camino constantemente porque tenemos delante obstáculos que nosotros mismos ponemos. Frecuentemente somos los principales responsables de boicotear nuestros planes, porque esta vida es siempre en simetría y lo que haces es lo que te será hecho eventualmente, y la cuenta siempre es tan difícil de pagar, la vida es demasiado dura y demasiado corta.
Finalmente, todos somos niños pequeños que esperan días mejores, que desean alejarse de la oscuridad y estar a salvo. Somos seres frágiles y propensos a la derrota, pero no hay tiempo de quedarse mirando puertas cerradas cuando hay tantos caminos por descubrir, tantas nuevas formas de abrirse paso. Aunque la vida es dura y fugaz, siempre hay que sentirse joven, hay que pensar que tenemos tiempo delante de nosotros, que podemos hacer y enmendar tantas cosas.  Creo que Strangeland es el mejor álbum de keane, y tuvo la buena suerte de llegar en un muy buen momento, al menos para mí. Y la verdad, me llega jajaja. Recomiendo ampliamente que lo escuchen.
Sin lugar a dudas, Keane es una parte fundamental del soundtrack de mi vida, han pasado tantos años y no me canso de escuchar las mismas canciones una y otra vez, y como suele pasar con esas cosas que te acompañan toda la vida, cada vez aportan algo nuevo, cada vez puedo encontrar un nuevo mensaje, una nueva palabra de aliento, una nueva manera de ver las cosas. Aunque las cosas cambien, aunque estemos atrapados en una tierra extraña en la que gobierna la simetría perfecta, bajo un mar de hierro, siempre tendremos nuestras esperanzas y temores para guiarnos.

domingo, 7 de julio de 2013

25 para los 25 (17)

Faltan 17 días para mi cumpleaños, y soy fan de Friends

Bien decía un meme que hay cosas que puedes ver un millón de veces y aún así sientes como si lo vieras por primera vez. Como un niño pequeño que cuenta el mismo chiste mil veces, y siempre es el que más se ríe. Así es Friends para mí. He visto cada capítulo más de 5 veces, y aún me río como la primera vez, aunque me los sepa... o tal vez por que me los sé me empiezo a reir cinco minutos antes. Desde siempre he sido un adicto de la tele, y de las series en particular, que se volvieron un excelente reemplazo para las caricaturas. En esa época apenas estaban en la quinta temporada, y a mi no me llamaba en los más mínimo. Supongo que it wasn't time, se me hacía muy boba y simple (como yo! pero de momento no me di cuenta), pero luego los gorditos se fueron de congreso, y Dii y yo nos quedamos en casa de mis abues una semana... una semana en la que estaba un maratón de Friends for the ages: cinco horas todos los días y el sábado y domingo TODO el día. Al principio estaba molesto por que me habían quitado mi canal favorito, pero pues no iba a dejar de ver la tele nomás por eso. Y así me eché cuatro años o más de Friends casi que de una sentada, y quedé atrapado. De ahí en adelante ya iba al corriente, y viví la angustia y emoción de cada final de temporada, y lloré como bebé con el final de la serie. 
Cuando apenas me clavé con la serie, siempre me decía que eso era irreal, que vivir ese tipo de cosas, tener ese tipo de amigos y estar en esas situaciones era muy fantasioso. Estaba equivocado. Parte de la magia de la serie es que todos somos o tenemos amigos así de despistados, galanes, obsesivos, vanidosos, ñoños o bobos. Tal vez no cualquiera se escape de su boda con vestido y todo, no cualquiera haga 11 lasañas, diga el nombre equivocado de la novia en la boda, se acueste y case con la novia de su mejor amigo, le corten la uña del dedo gordo por decirle gorda a alguien, o sea el Dr. Drake Ramore en Days of our lives, pero aún así es una gran serie, llena de comedia y llena de sabiduría aunque no lo parezca. Y también me ha ayudado a apreciar más a las personas que me rodean, a soñar y desear que en muchos años estemos en un central perk, o jugando futbolito. 

And if I had to, I'd pee on everyone of you. 

miércoles, 3 de julio de 2013

25 para los 25 (21)

Faltan 21 días para mi cumpleaños, y soy un nerd.

Y como buen nerd estudié la carrera con uno de los nombres más largos y aparentemente difíciles de decir que hay. Hace unos muchos ayeres yo juraba que iba a ser doctor, y la verdad tal vez no me hubiera molestado del todo, pero de pensarlo me engento. Así que no, luego cambié a ser Ingeniero biomédico, que suena padre y lo es, pero lo malo es que es una ingeniería, que dejaba a un lado la parte biológica y química que a mi me gustaba más. Entonces supe la mega carrera esta de Investigación Biomédica Básica... wow, es la cosa más "acá" que han oído desde "ciencias genómicas"... y tal vez lo sea, pero como me batearon pues no podría decirles. Entonces acabé en mi enésima opción, y la verdad es que no me arrepiento. Desde siempre me había llamado más saber un poquito de casi todo que saber todo de casi nada, ya desde ahí suena como buena idea una carrera con tres palabras en el nombre. Disfruté mucho mis años aquí, disfruté mucho mis clases y quiero pensar que aprendí mucho. Lo que echó a perder un poco la experiencia al final fue la odiada y asquerosa tesis, pero hay que ser fuertes y enfrentarse a ese monstruo de pasta pachonsita lo mejor que se pueda. Hay días, como hoy, que en verdad disfruto lo que hago, días en que mi células de tumor cerebral se portan bien y crecen bonito y parejito (como se supone que deben, las malditas) y días en los que hasta un Western me sale. Para los que no lo sepan, yo utilizo una técnica que se llama Western blot (Mancha del oeste) que no tiene nada que ver con el nombre. Lo que hago es hacer moco de gorila con mis células, eso lo hiervo y lo meto en una gelatina con hoyitos, luego eso lo meto a un sandwich con un papelito y le doy toques durante 7 horas... SIETE HORAS. En ese papelito por arte de magia están todas las proteínas de la célula, que son como sus piezas o su maquinaria, a mi me interesa ver qué tanto tienen de una pieza en particular. Para descubrirlo meto el papelito en leche (una leche muuuuy cara) y luego le goteo anticuerpos, me lo llevo al cuarto oscuro, le echo agüitas y WOOOOW brilla... a veces. El western es una técnica que se ideó en el círculo más profundo del infierno, y cada paso tienen millones de detallitos que afectan si sale o no sale. Y la verdad es que la suerte y el yuyu tienen todo que ver, así que para combatir el jinx ya tengo muchas manías y cosas para garantizar que salga... a veces. Sigue siendo una joda, pero al menos una joda que he hecho tantas veces que hasta me gusta... jejeje.

Ahora ya saben lo que hago, cómo lo hago, y algún día sabrán para qué lo hago. Tal vez sea costumbre, tal vez sea gusto adquirido, tal vez el pensar que hago ciencia sea suficiente para satisfacer mi lado nerdo... pero hay pequeñas gotas de felicidad en disfrutar lo que haces...
... a veces.

martes, 2 de julio de 2013

25 para los 25 (22)

Faltan 22 días para mi cumpleaños 25 y sigo siendo un twentysomething

Después de años de educación, un carro lleno de artículos y anticipación, soy un experto en... nada en realidad, pero resulto que el mundo no estaba tan falto de mensos, como pensaba. Si de por sí habemos quienes vamos medio sacados de onda porque la vida no fue tanto como la esperábamos, lo que menos necesitábamos era sentir que eramos poco originales, pero llega Jamie y nos dice: "Eres un inútil, y un inútil genérico". Supongo que es normal y común que la gente de nuestra edad esté medio perdida, y decida o cambie de opinión sobre qué hacer de nuestras vidas, porque está justo en una etapa en la que llevamos mucho viendo la teoría de cómo vivir, y apenas nos está tocando ver la vida a la cara... y la vida da meyo. 
Supongo también que es pura coincidencia ver gente de nuestra edad que está haciendo todo lo contrario, gente que ya va encaminada y encarrerada, que ya sabe lo que quiere, cómo lo quiere, con qué salsa y guarnición... y a los que nos acaban de traer las bebidas y seguimos viendo la carta eso nos apantalla bastante. Creo que la parte de la canción con la que más me puedo relacionar precisamente es esa de "I'm a twentysomething, leave me alone", llega un momento en el que hay que ver dentro de uno mesmo y sentar al subconsciente, ponerle la lámpara en la cara y tener el cara a cara que tanto evitamos a veces. Ver quienes somos, ver de dónde venimos para tener una mejor idea de adónde vamos, perderse un poco para encontrar el camino, porque al final de cuentas la vida no es una carrera, ni una competencia, no hay atajos ni premios al final al primer lugar o al mejor esfuerzo, la vida es al mismo tiempo el juego, el pote y la recompensa. 

En ese aspecto, es bueno tener la mentalidad Peñita del asunto, y pensar que nada ha sido o será una desviación del camino, sino simplemente un rodeo para disfrutar más el paisaje.