Quisiera estar en las bóvedas más profundas del océano y desaparecer en
ellas, para no ser visto nunca más.
Dejar esta vida,
con su apetito implacable por alimentarse de los débiles, que ni siquiera
pudieron hablar para defenderse.
Desaparecer, que el cielo sea mi sudario, y lo único que quede de mí sea un monumento celeste de nubes.
Desaparecer, que el cielo sea mi sudario, y lo único que quede de mí sea un monumento celeste de nubes.
Si pudiéramos regresar a como éramos antes…
Podríamos tapizar las grietas, tratar de cubrir las divisiones, pero
volverán y el corazón arderá hasta carbonizarse, no sólo se romperá.
Tomémonos de la mano, que el
contacto vaya más de la piel, la atraviese y estemos dentro uno del otro. Que
todo lo que somos se hagan uno solo de nuevo.
El cielo será mi sudario, y
sólo quedaran las nubes como mi sepulcro sin cadáver.
Si pudiéramos volver atrás
podríamos cubrir las grietas entre nosotros, pero volverían y al corazón sólo
le quedaría arder hasta hacerse cenizas.
He olvidado el camino de
regreso a mí mismo, olvidado todo lo que sabía. Cada día es una salida en
falso, un error sin rumbo, dirección o sentido, y eso hace arder mi corazón.
Yo sé que todo lo dicho fue
cierto en ese momento y que, como todo, es real y eterno hasta que deja de
serlo, y desaparece.
Di todo y no me quedé con
nada mío, sólo un recuerdo, una imagen mía, la imagen de un desconocido.
“Él deseará desaparecer en
las profundidades del océano. Él desaparecerá, para no ser visto nunca más.”
Que arda. Ahora voy a toda
velocidad por un camino desconocido. Ahora me doy cuenta de que he olvidado el
regreso a mí mismo, olvidado todo lo que sabía, cada día es una salida en falso
que me parte el alma y hace arder mi corazón.
Si pudiéramos volver atrás…
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