Hace muchos muchos años, leí un libro, vi una película y escuché un disco. Ese libro se volvió mi libro favorito, un libro que he leído tres veces y voy por la cuarta, ese libro lo tengo en la mano y siempre ha sabido llegarme en lo más profundo. No es un libro cualquiera. Es un libro único, en verdad único, es un libro que es muchos libros a la vez, como dice su instructivo… así es, un libro con instructivo. Rayuela es, en mi opinión, el non plus ultra de Julio Cortázar, a pesar de haber sido prolífico antes y escribir muchas cosas valiosísimas después. Y escapa a mi comprensión cómo es que no se ganó al menos un Pulitzer. Esa película, oh sorpresa, trata de un escritor, un aprendiz de escritor… y un libro. Finding Forrester es una gran película, aunque sea bastante aburrida si no te interesa un pito escribir. Dice muchas cosas que son ciertas, de cuando uno escribe, de la vida, de la amistad. A veces me da la impresión (supongo que es lo que buscaba el director) de que Forrester le habla a uno y no tanto al chamaco ese, y me da un aire muy… alquimista, muy The old man and the sea. El disco obviamente es Under the iron sea, de Keane. Al principio el título se me hacía una estupidez, luego escuché el disco, luego entendí el disco… y luego viví el disco. Sobra decir que lo sigo llevando en cada parte mi.
¿Por qué este recorrido por memory lane? Porque para que algo sea tu-favorito no puede ser algo de ese instante, tiene que ser algo que en cualquier momento sigas sintiendo a flor de piel, que sea parte de ti en verdad, y que igual te llegue a los 17, 20, 23 y 80 años. No debe ser algo que te aburra o te canse. Y Rayuela definitivamente es eso para mí. Es el libro que ha marcado mi vida, en sus páginas no sólo recorro un París que ya no existe, sino que me leo en párrafos, capítulos completos. Creo que pocos libros tienen el efecto “pensante” que ofrece Rayuela, simplemente ir corriendo por las líneas y seguir la sucesión de eventos sintiendo-estar-ahí no basta. Es un libro que te obliga a leer dos, tres, cinco o diez veces la misma oración, reflexionando cada palabra, cada signo de puntuación. Si Cortázar quiso jugar a involucrar al lector más que nunca en la lectura e interpretación de su obra, lo logró… y vaya que lo logró. De momentos es fácil perder el hilo de la historia (si tal historia existe, o si el hilo existe sería interesante debatir alguna vez) pero no importa, porque no es solo la historia la que se vive cuando se lee, sino los pensamientos, el alma misma del texto.
En fin, supongo que quería alabar la obra maestra de un genio, la obra maestra que me llega, que siempre encuentra la manera de pegarse en mi mente, de hablarme y hacerme sentir… atrapado. Da miedo leerse de una manera tan desnuda y vulnerable en algo que escribió alguien en otro continente hace 49 años, da miedo que un montón de palabras te estén hablando de tal manera… pero lo hacen, a pesar de tantos años, a pesar de tanta vida en esos años, a pesar de haber leído esas mismas palabras 3 veces antes, siguen llegando e impactándose en mi pecho con la misma fuerza kamikaze.
No hay comentarios:
Publicar un comentario