Cuando Clara llegó a la fiesta, Luz la recibió con una gran sonrisa y los “Que bueno que viniste” necesarios para que se sintiera bienvenida, le puso una cerveza en la mano (Clara se supone que no toma) y diez minutos después se olvidó por completo de ella. Pero de inmediato se dio cuenta que no era la única náufraga en esa fiesta, un par de invitadas a la deriva también parecían no conocer a nadie, así que fue con ellas. Ya entrada la noche y con la fiesta atiborrada de borrachos, Clara tenía en la mano su cuarta cerveza, y más mareada de lo que había estado en su vida (incluida la vez que vomitó en las lanchas de Chapultepec) hacía el intento de bailar con sus nuevas amigas. Entonces Joaquín la vio, casi podía escuchar alguna canción de película romántica barata, cómo el tiempo se paraba y un rayo de luz misterioso iluminaba a esa chava en especial, así de borracho estaba él (Joaquín sí que toma). Clara también lo vio, el pobre chavo estaba horrible, pero un Je ne sais pas, un algo le llamaba la atención, así que cuando vino, casi no tuvo que disimular el tremendo asco que le produjo su aliento, además ella debía apestar de la misma manera. Cuando la fiesta se agüitaba, Joaquín seguía charlando con Clara, ambos disfrutaban mucho de la conversación, aunque para un tercero no tuviera el mayor sentido. Joaquín balbuceaba continuamente algo de un coche que le fue prometido para cuando acabara la preparatoria el año siguiente y Clara se reía de cuanta bobería él le gritaba en el oído. Finalmente Joaquín se fue, intercambiaron celulares, mails, teléfonos y cuanta seña pudieron recordar, Clara se quedó a dormir con Luz, que había desaparecido unas horas antes con alguno de sus múltiples ex-novios.
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