domingo, 8 de septiembre de 2013

Nuevo proyecto

Fragmentos de algo nuevo. Aún está muy bebé y chafa, ténganme paciencia. 

El final del verano de 2013 parecía más bien el fin del mundo. Miguel nunca había visto llover así, nunca había sentido esa bocanada de invierno en pleno septiembre, llovía todos los días la mayor parte del día y apenas salía un calcinante sol un par de horas, para apenas secar el pavimento y revelar un extraño y atractivo verdor en las aceras, sobre todo en el Jardín de las ardillas que comunicaba el laboratorio con el resto del mundo. Llovía con un enfado tal que hacía pensar que el agua quisiera recuperar su hogar en el fondo del lago de Texcoco que durante siglos los capitalinos se habían empeñado en tomar con cantera y mantener con asfalto y concreto. La ciudad era un caos lleno de arroyos, estanques y pozas que formaban a su vez ríos interminables de automóviles e interminables embotellamientos facilitados también por los maestros manifestantes contra una reforma a la educación que no reformaba nada y menos relacionado a la educación. Llovía a mares por toda la ciudad, llovía tanto que incluso llovía dentro de muchas casas, la de Lilo y la de Miguel, por ejemplo. Pero llovía adentro en más de un sentido, y Miguel sentía la humedad y oscuridad de las tormentas más cerca que los demás.

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Reconoció esa caligrafía como propia de inmediato, ya que su fealdad era innegable, tanto como la torpeza para utilizar ese tipo de pluma. El contenido del texto, sin embargo, le pareció demasiado solemne para ser propio, aunque una o dos frases sonaban mucho como él. El mensaje era bastante rebuscado, y no lograba comprender del todo por más que releyera una y otra y otra vez.

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En un capítulo incompleto cercano a la mitad, explicaba que durante muchos años él se había sentido atrapado en un presente continuo, en un puente que conectaba el pasado y el futuro pero que en realidad nunca dejaba una orilla y en realidad nunca alcanzaba la otra. Decía que en especial al terminar la maestría, sentía como si ese presente continuo y absoluto lo presionara, empujándolo al mismo tiempo a un futuro inexistente y a un pasado al que era imposible volver o que en realidad nunca existió. El futuro lo había alcanzado y rebasado, y el puente se hacía cada vez más angosto y más corto. Buena parte del libro hacía referencia a esa época, de una y mil formas para uno y mil efectos, y Miguel entendía por qué. Y entendía por qué no se había mandado el libro completo.

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Entendió al terminar el último capítulo, que llegado su momento debería enviarse también ese paquete para recuperar la esperanza, darse ánimos y sentir una prueba patente de que eventualmente dejaría de llover.  

miércoles, 24 de julio de 2013

Hoy es mi cumple y soy Antulio

Hoy es mi cumpleaños 25, y soy Antulio.

25 es un número cualquiera, y de igual manera hubiera podido hacer tanta fiesta y llenar sus timelines el año pasado o el siguiente, pero 25 es un buen número, es como un rellano en la escalera para detenerse un momento, descansar las piernas de la subida y prepararse para seguir subiendo. También es un buen momento para regresar a revisar que haya apagado la estufa y cerrado el cuarto de cultivo, aprovechando que la subida aún no es tan fatigante, siempre hay un poco de tiempo para regresar y recuperar lo olvidado, antes de seguir la subida. 25 es un cuarto de siglo, es más o menos una tercera parte de lo que el INEGI cree que tendrá que aguantarme, coincide con dejar atrás y seguir adelante.

Para mí, es una edad de la nostalgia, en la que aún tratamos de aferrarnos a lo que hemos conocido los últimos 25 años, que han sido tan felices y tan llenos de cosas increíbles y personas maravillosas, y mirar con recelo los años venideros, en los que lo que más se asoma es lo desconocido, es la toma de decisiones que trascienden mucho más que antes, y en los que lo que hemos ensayado de la vida deja de ser de prueba y ya no hay buena ni cheat codes, no hay atajos como en el mario kart, y todos los poderes son inútiles monedas. Con todo el horror del mundo, nos toca subirnos a la bici sin rueditas, al columbio sin seguro, al brincolín sin red, al coche sin acompañante y tantas analogías infantiles que no se me ocurren, pero también tenemos la confianza de que estos últimos años de ensayo no han sido en balde, que en este último cachito de la vida hemos aprendido lo más importante y lo más útil: hemos aprendido quienes somos en realidad.

Ese ha sido el fin de esta cuenta regresiva, enumerar las cosas y personas que me han hecho quien soy como soy, darme unos minutos para reconocer la gran ayuda y empujón a moldearme en la cosa extraña que soy. Ha sido un viaje divertido y entretenido en el que he redescubierto porque soy como soy y no diferente, y además puedo decir que estoy muy satisfecho de la persona que ha salido del horno. Esta es la parte cursi en la que les digo a todos y a cada uno de los que lo lean que muchas gracias, a todos mis pocos familiares en feis, que sin ustedes sería una persona aún más aburrida, a mis queridos amigos y compañeros de escuelas que sin ustedes hubiera sido una tortura aún más grande. Gracias a todos por compartir cachitos, cachotes y cachotototototes de este gran camino conmigo, y aunque parezca que desaparezco, siempre están en mi perturbada memoria y en ensanchado corazón.

Somos sombras y polvo, somos recuerdos, esperanzas y sueños. No somos barro, somos más como masa para pan, una masa que se va enriqueciendo y agarrando sabor con cada ingrediente que añadimos, somos masa que se debe amasar con energía, con trabajo y  tiempo, masa que se debe dejar levar un tiempo, y que de nuevo se debe amasar y dar forma, que a veces se debe dejar reposar y siempre se debe tener cuidado en los detalles, y al final debemos quedar esponjositos, crujientes por fuera y deliciosos. El camino de la vida, es más un enramado laberinto, en el que los caminos aparecen y desaparecen, se cruzan y vuelven a cruzar un millar de veces. Las decisiones que tomamos nos van guiando y dirigiendo, pero siempre podemos escoger, todo inicia con una elección y lo que pasa pasa y no pudo pasar de otra manera, ya que si hubiera pasado diferente, no estaríamos aquí como estamos. Somos la consecuencia de nuestras decisiones y nuestras acciones, y somos nosotros los responsables de ir moldeando (amasando) nuestro futuro. Hoy ya es ayer y mañana no ha llegado, vivimos atrapados en un extraño presente que no dura, y tal vez ni siquiera exista, pero debemos aprovecharlo y usarlo en lo único que en realidad vale la pena: en nosotros. Y lo que amamos, en verdad amamos, es parte de nosotros, así como las personas que nos rodean, nuestros trabajos y pasatiempos. Un guerrero no deja las cosas que hace, encuentra el amor en las cosas que hace, en todos lo que hace, y trata de hacer siempre y en todo lo mejor.

Somos seres luminosos, estamos unidos a todo lo que nos rodea, el árbol, la roca… la nave espacial. Debemos cuidar y trabajar en mantener las uniones que armamos, y también debemos aprender a dejar ir, a soltar las cosas que nos detienen, a darle hilo a algunas cosas para poder volar más alto… pero no tan alto como para atorarnos en los cables de luz.

Todos encontramos cosas que no sabíamos que buscábamos, la vida tiene esa sádica diversión de ser infinitamente aleatoria y llena de sorpresas, de arrebatarnos lo que damos por seguros, de cambiar lo que siempre quisimos y de darnos un hueso cuando estamos a punto de tirar la toalla. Son esas sorpresas los baches, fosas y curvas cerradas que nos mantienen despiertos y atentos al camino, pero también son los puentes y túneles que nos permiten seguir adelante. El invierno se acerca, la noche es oscura y llena de terrores, pero tenemos las personas y la experiencia necesaria para superarlo todo. Y siempre nos la vamos llevando con la ayuda de nuestros amigos, a pesar de que sintamos que todos cambian y no nos sintamos igual.

Soy un hijo, hermano, sobrino, primo, tío, amigo y tórtolo; un exjuventino, universitario, qufo y maestro; soy un sateluco, uraño y enojón; soy un geek, un nerd, un potterhead y starwars fan; soy un adicto a la televisión y al age of empires; soy un hadepto de Julito, un cronopio y un esclavo de las turas; un baterista, políglota, cocinero y escritor wannabe; soy la consecuencia de 25 años de trivialidades y cosas pequeñas y grandes, soy Miguelin, Miguelito, Boris, Mique, Mike, Miguel, Antulio. Pero sobre todo soy yo, soy todas esas cosas y un poco más, y me ha tomado 25 años saber quién soy y querer a esa persona, descubrir que está bien hacer y no hacer, ser y no hacer. Me ha tomado 25 años ver que quien soy hoy mañana será quien fui ayer and that’s fine. Me ha tomado 25 años abrir los ojos, y sé que apenas ahora me toca empezar a ver.



 Que los cumpla muy feliz y ahora le soplaré a la luz.

PS. Muchas de las frases matonas que acaban de leer son de películas, por eso les suena y yo no me robo nada, que conste.                   

martes, 23 de julio de 2013

25 para los 25 (1)

Mañana es mi cumple y soy un gordito.

Decimos muy frecuentemente que a tal o a aquel lo conocemos “de toda la vida”, pero hay un grupo selecto de gente para el que el dicho es una realidad. Y yo tengo el inmenso gusto de conocer de toda la vida a un montón de locos, y ese montón de locos son tan parte de mí como todo lo demás que me ha aventado la vida. Tanto de nuestra vida son elecciones, son gustos adquiridos, y son cosas que nos recuerdan algún momento que nos marcó, pero también hay marcas con las que nacemos, cosas que tal vez no pudimos elegir, como nuestra familia.

Y yo estoy tan agradecido de las maravillosas personas con las que me ha tocado compartir mi vida, desde el par de gorditos que me fabricaron y criaron y el cuarteto de loquillos que los fabricaron a ellos, hasta los bodoquitos me ha tocado ver crecer como si les inyectaran hormonas para pollo. Tengo la mejor familia del mundo, y aunque seamos re poquitos cuando nos juntemos y nos la pasemos amargados, aburridos y callados, disfruto mucho estar con ellos.

Mucho de lo que somos es por las personas que nos han guiado a lo largo de nuestras vidas, fueron nuestros padres y abuelos los que nos enseñaron a vivir, nuestros hermanos y primos los que nos enseñaron la amistad, la diversión y a pasar los mundos endiablados del Mario bros. Todos llevamos recortes, parches, trozos y retazos de las personas que nos han acompañado toda la vida, cómo hablamos, somos y nos comportamos es en parte un reflejo de los caminos y elecciones que hemos tomado, pero sin lugar a duda, también depende mucho del punto de partida que tuvimos, y de esos pequeños y grandes empujones que nos dieron y que nos siguen dando.

Mis padres me han arruinado la vida, me demuestran todos los días que se puede ser feliz, me han mostrado durante 25 años lo que es el amor y lo que es la familia, y muy probablemente me tomaría otros 25 explicarles a ustedes, y seguramente no lo haría también. También me arruinaron, porque me han dado más de lo que podría agradecerles en esta vida, y a cambio sólo me han llenado de un extraño deseo de ser una mejor persona, de hacerlos sentir orgullosos. Me rompieron desde siempre porque me han enseñado a ver la vida con humor, a no tomarme tan enserio a mi mismo o a nada, me han enseñado a apreciar la vida pero sobre todo me han enseñado a aprender, y a no querer dejar de hacerlo nunca.

Y también me echaron un bodoquito para que yo también pudiera romper y arruinar a alguien. A esa puyi que siempre ha sido mi cosa rara favorita, tan diferente y tan parecida a mi, tan fantástica y única, tan encantadora y tan loca. A mi no me tocó tener hermano mayor, aunque tuve una gran cantidad de semejantes, ninguno fue de tiempo completo, así que por eso tal vez he sido un hermanote un tanto mediocre, pero no es excusa. Desde siempre he querido y tratado de ser su amigo, pero ha probado ser imposible, no puedo nada más ser eso, debo ser más que eso. A los hermanos nos toca ser chofer, sicólogo, terapeuta, maestro, guarura, confesor, cómplice y torturador de tiempo completo. Y la verdad, no es una tarea fácil.


Los años pasan, y los kilos se suman, la lista re recuerdos e historias se va haciendo más grande pero también más borrosa y frágil. Los chistes se vuelven leyenda y las leyendas se vuelven verdades. Pero hay cosas que no cambian, y hay lazos que los años no desgastan sino que hacen más fuertes, nos alejamos tanto del camino en el que comenzamos, pero siempre llevamos dentro un pedacito de casa. Seré muchas cosas, y querré ser tantas otras cosas más, pero en primer lugar y para siempre, soy el hijo de los Gorditos, el hermano de la puyi, el nieto de los abuelitos y los guerelitos, y el sobrino, primo y tío de los Pepitas y los Ortíz. 

lunes, 22 de julio de 2013

25 para los 25 (2)

Faltan dos días para mi cumple y soy un escritor wannabe

Por si no se han dado cuenta, porque en realidad es muy difícil de ver, me gusta escribir. Es de mis pasiones más profundas e íntimas. Por eso existe este blog en primer lugar, porque no hay nada más íntimo que escribir en un lado para que lo vea todo el mundo. Como Charlie, en Perks, no siempre basta con hablarnos a nosotros mismos en voz baja, a veces debemos gritar, llorar, cantar, bailar, aunque nadie nos escuche o mire, a veces debemos hablar con nadie hablándole a todos. A veces no es necesario recibir una carta de respuesta, basta con enviarla. "Querido amigo" es el mundo, todos y nadie. A veces eso es lo que hace falta, hablarle a todos para podernos escuchar mejor, y tal vez alguien del otro lado lea lo que nos decimos, y sea justo lo que él también desea escuchar. Tal vez hablarle a todos sea la mejor manera de hablarnos a nosotros mismos.

Lo terapéutico de escribir, para mí, es esa extraña virtud de hablar con uno mismo desde los ojos de alguien más, es como disfrazar la mente para una obra de teatro en el que el escenario y el telón también son personajes y también somos nosotros. Es una buena manera de escapar del mundo y escucharnos sin el ruido de fondo que a veces puede ser la realidad, y sin embargo, tantas veces esa realidad es la que tan desesperadamente tratamos de plasmar en un par de párrafos. No hay mejor lugar para refugiarse, esconderse y encontrarse que dentro de uno mismo, y como no todos podemos ayudarnos a salir de nosotros mismos pintando o con música, para eso hicieron las palabras, para tener aún más maneras de sacar lo que sea que llevamos dentro.

El tiempo es de mis temas favoritos para escribir, es algo que me fascinado desde siempre, su incesante interés por darnos y quitarnos, su mirada intimidadora y llena de esperanza, sus palabras dulces llenas de consuelo y rencor. La seductora y repulsiva manía que tiene el tiempo de cambiar, hacer y deshacer, así como su extraño humor de no darse importancia, son cosas que como el Jazz, siempre me hacen sentir fuzzy por dentro. Y es algo que trato de mezclar y revolver en lo que escribo, por supuesto.

Al fin y al cabo, todos somos escritores de nuestras vidas, y en un casi ideal, todos deberíamos de ser los protagonistas, y nosotros y sólo nosotros debemos escribir el final e inicio de cada capítulo. Debemos ser incansables en mantener el suspenso, el picor, el humor, la comedia y el drama. Debemos hacer de nuestra vida una gran colección de volúmenes que merezcan ser contados, aunque a veces sea tan difícil y cansado. Es tan fácil querer alargar frases durante una duración casi infinita que no tenga final y nos permita continuar y alejar tanto el final de la oración marcado por ese tan definitivo punto, y en cambio, es tan necesario a veces tomar una pausa, poner una coma aquí o allá, para cambiar de rumbo, para detenernos a pensar si en verdad esto es lo que queremos, o si cada vez nos alejamos más de lo que originalmente quisimos. Pero lo más difícil es escribir los puntos, pensando muy adentro de nosotros que todos los puntos son puntos finales, habiendo tantos puntos y seguidos en nuestra vida, sabiendo que en realidad no hay terminación, tal vez ni siquiera la muerte sea ese punto final al que tanto tememos, al final podría ser un punto y aparte más, un nuevo capítulo en el que podemos una vez más elegir los caminos por los que nos llevaremos a nosotros mismos.

Todos somos escritores, todos nos susurramos palabras en las noches o en la soledad, todos soñamos y estamos llenos de ilusiones, todos tenemos la voz y las palabras para escribirnos, re-escribirnos y des-escribirnos las veces que sea necesaria. La vida es una sucesión de comas, puntos y signos de interrogación, es un borrador que continuamente reescribimos esperando algún día publicar, pero que la vida misma nos regresa, porque nos falto cerrar un paréntesis, porque hay párrafos que no deberían estar, y tantos otros que faltarían, porque ese aquí es allá, porque ese más lleva acento, y porque siempre podemos alargar aún más el final. Y claro,  siempre hay espacio para un epílogo, y para una secuela.


viernes, 19 de julio de 2013

25 para los 25 (5)




Faltan 5 días para mi cumpleaños 25 y soy un tórtolo
No son pocas las historias románticas que empiezan en las Europas, aunque tal vez son menos las que tienen al songpop y drawsomething como celestinas. Aunque tal vez empezó aún antes, cuando alguien le dio el tour sateluco a alguien, parándose en cada hotel a averiguar si había habitaciones… para cinco. Y claro, que la doctorsita haya dado un empujón, porque ella sabe cosas, no hizo nada de daño.
Todas las cosas que empiezan con dulce de calabaza, prometen seguir bien, y durar un bueeen rato. Desde el inicio, ser tórtolo ha sido de lo más divertido, increíble y fantástico que me ha pasado. El estrés de mi tórtola para decirle al mundo, fue de lo más divertido, casi tanto como decírselo al mundo, incluyendo el “pos así” de la coval y el “a ver” de piñi. Y luego llegaron 9 kilos de chocolate y la mágica aventura en Oaxaca. Hacía mucho pero mucho tiempo que no era tan feliz, y que no me sentía tan bien. Desde ahí hasta acá ha sido un instante, un instante en el que el tiempo se detiene y corre a gran velocidad. Un instante en el que han cabido todos los instantes.
La magia en este mundo sí es real y si existe. Está en la mirada cómplice de dos personas que saben algo que los demás no, está en las risitas que son carcajadas y en las voces serias. Está en todo lo que no se puede explicar, y no importa si jamás se logra comprender. Como incomprensibles deben parecer nuestras conversaciones, hechas en ese dialecto tan peculiar y raro que hablamos, lleno de cosas nuestras, de sonidos y risas. La casera tiene toda la razón del mundo, con mi tórtola no puedo dejar de sonreír y siempre me hace sentir bien. Me complementa.
Hay cosas nuevas que emocionan, y hay pocas cosas que emocionan a la mitad, y aún menos que emocionan después de varios meses. Pero justo esas son las cosas que más importan en la vida, las que nos hacen sentir nuevos todos los días, las que nos hacen ver que está bien ser nosotros mismos, que podemos ser nosotros mismos y así nada más ser felices. Las cosas  que nos hacen sentir afortunados y felices. Mi tórtola y yo somos personas diferentes, a veces más a veces menos, pero siempre somos la misma cosa.

jueves, 18 de julio de 2013

25 para los 25 (6)

Faltan 6 días para mi cumple. y por si no se han dado cuenta, soy fan de Cortázar.

Hay días buenos, nublados y húmedos en los que la lluvia golpea las ventanas y los paraguas, en los que todo parece salir bien, y empezamos y terminamos con una sonrisa en el rostro. Y hay días malos, días aburridos, días pesados y días en los que quisiéramos disolvernos en la lluvia, o que nos fundiera el sol quemante del efecto invernadero.Todos tenemos momentos en la vida en los que desearíamos desaparecer, esfumarnos, o al menos dejar de pensar, dejar de sentir. Y para eso Dios hizo a Cortázar.

Libros, escritores y cuentos, hay muchos, y claro que hay grandes maestros, increíbles pintores de las palabras, uno puede meterse dentro de 100 años y tocar el hielo, oler los bananos y rascarse la cruz de ceniza en la frente; sientes la garganta seca y los músculos cansados en el barquito del viejo en el mar, vas en caravana detrás de Alonso y Sancho buscando a la perfecta dulcinea o tiemblas con el eco de "Nevermore" desde el busto de Palas. Tantos hay que nos dejan estar dentro del cuadro, con el realismo tal que todos los sentidos se suman y la realidad del libro se mezcla con la realidad absoluta. Pero Cortázar es diferente, Julito da un brochazo ahí y allá, te azota contra el lienzo, pone una brocha  en tu mano y obliga a pintar con él, en parte poseído, en parte pintando lo que tú quieras. Julito golpea tu imaginación, la sacude y la obliga a cantar como Ella, mientras él acompaña el fondo con la estridente trompeta de Louis.

Julio es diferente, Julio obliga a separarse de cosas banales en una historia, como el sentido, la coherencia y un final. Al principio cuesta, y es una jaqueca constante, pero uno aprende a apreciar esas ausencias, a ver que la aparente falta de final, o de lógica es precisamente la perfecta metáfora y reflejo de la vida. Nada termina como uno quisiera, nada termina en realidad y al mismo tiempo la vida es una conexión infinita de terminaciones. Uno debe acostumbrarse, al fin y al cabo que entre más entiendes un cuento de Cortázar, en realidad lo estás entendiendo menos, y que entre menos trates de entender, más adentro se te está metiendo, y como dije con rayuela, más adentro coloca la dinamita que hace reventar la mente.

Aún así, sin darnos tanto, nos da mucho, y a nuestra manera todos amamos profundamente a Glenda, todos íbamos en la autopista del sur, todos vivimos en una casa capturada por el recuerdo y la soledad, todos nos metimos en el retrato de pavor y criamos jaquecas y dolores de cabeza. Y particularmente todos tenemos y somos un cronopio en el corazón. Pero el cronopio mayor, infinito y atemporal, es Julio. Fue él quien nos dio las instrucciones para subir escaleras, llorar; para pensar, sentir, ser e imaginar más allá de lo que el sentido común y la lógica nos hubieran dejado.

Como tantos hadeptos, traigo a Julio adentro, lo conocí en el metro y desde entonces no lo dejo ir. Me enseñó a pensar más allá del recipiente, a ver que no entender no es señal de conformismo, sino incluso de sabiduría, me enseñó que las cosas son por que son, y punto. Que la realidad en la que vivimos es la que escogemos vivir, y que nada nos impide tener cronopios y famas por aquí y por allá. Y esos cronopios verdes, babosos y extraños son los que le dan sabor a la vida, son los que nos animan en días malos, y son los que nos hacen sentir mejor.

Julio está siempre ahí, en páginas impregnadas de mate, tabaco y París, llenas de consejos y distracciones,  de líneas que te llevan a un mundo imaginario más real que el de la rutina o fastidio en el que vivimos. Gracias, Julio. En verdad, gracias.


miércoles, 17 de julio de 2013

25 para los 25 (7)

Faltan 7 días para mi cumple 25, y quiero enseñar.

Es bueno ser bueno para algo. Some can sing, some can dance... y hasta hace muy poco descubrí que tal vez en lo que soy menos peor es algo que además disfruto profundamente, y es enseñar. Supongo que vengo preprogramado de fábrica, supongo que siendo hijo de dos profesores tan buenos y tan dedicados la sorpresa sería que no quisiera ser como ellos. Aún así, hay algo muy especial en enseñar, es un reto y algo muy divertido de hacer, algo que te llena y de hace sentir infinitamente pequeño, pero también infinitamente grande. Mis esclavos y pupilos sabrán que para mí, enseñar también es una forma perfecta de ventilar mi sadismo, y hay pocas cosas que disfrute más que torturar un alma en pena, o el sufrimiento de un examen casi imposible. Aún estoy verde y comparto ese sufrimiento, no crean que no. En parte siempre te sentirás algo culpable por cada error, y el sentimiento aquel de "Seguro fue mi culpa"... pero la verdad es que no. Enseñar bien es un arte, y como buen arte requiere práctica, dedicación y tiempo. Y espero que tiempo sea lo que me haga falta.

Bien dicen que para enseñar algo primero debes entenderlo bien, y que cuando algo está comprendido por completo puedes explicarlo de la manera más sencilla. Y tienen razón, también dicen que enseñando se aprende más, y también tienen razón. Enseñar me ha enseñado mucho, me ha ayudado a conocerme, a relajarme, a encontrarme a mi mismo, y obviamente también me ha enseñado mucho del mundo y de las personas. Es de las cosas más gratificantes que hay en mi vida, y no me imagino abandonándolo. Por eso, no pasa un día en el que no desee ser como los grandes maestros que me han tocado: Yoda, Dumbledore, Cortázar... y obviamente los gorditos. Sé que tener tanta sabiduría es una carga inmensa, pero también lo es la recompensa. Sólo quisiera ser la mitad de bueno que ellos.